De allá y de más acá de la Verja (IV)

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Es muy importante que se comprenda el rol de la colonia británica en el contexto social del Campo de Gibraltar (CdG). Obviando los intereses militares del Reino Unido (RU), pero sin perder de vista que eso es lo que realmente importa. La población civil ha sido generada por los movimientos migratorios del Mediterráneo inmediato y del entorno geográfico, y el desarrollo de los acontecimientos la ha convertido no sólo en el motivo recurrible cuando es necesario, sino también en el soporte que aligera los costes de mantenimiento de la base militar, parcialmente sostenido por Convent Place desde tiempos de Peter Caruana, cuando ante el anuncio de desmantelamiento de una parte considerable de la base, el chief minister gestionó su conservación a cambio de compartir los gastos. El propio Caruana me confesó personalmente que la situación en Gibraltar al comienzo de la década de los ochenta era insostenible; la apertura incondicional de la verja en 1982 fue la salvación. Aquel Gobierno de España, como éste, optó por alimentar la panza del intermediario para que nos alcanzaran sus migajas.

Las acciones diplomáticas de España para implicarse por completo en Occidente e intervenir en su defensa necesitaban unos apoyos internacionales que los británicos supieron explotar con sus habilidades habituales. El ministro de Exteriores, Fernando Morán, afirma en sus Memorias (España en su sitio, Plaza Janés&Cambio16, 1990) que “para cualquier Gobierno español la permanencia de una colonia extranjera sobre su territorio, Gibraltar, significa una situación intolerable”. No es pues como ahora, cuando el Gobierno y, lo que es peor y más determinante, las autoridades comarcales del CdG, no sólo no están por poner sobre la mesa la recuperación del dominio sobre el territorio colonial, sino que se muestran interesados en atenuar las dificultades a la colonia para que siga parasitando de su Campo. Y continúa Morán: “Si bien en este período (1982-1985) se alcanzó el objetivo tan unánimemente apoyado de ingresar en la CEE (entiéndase, la Unión Europea) –colocando a España en el lugar que le correspondía– y si este logro tiene un alcance histórico indudable, yo he repetido que de cuanto me tocó hacer, aquello de lo que me siento más orgulloso es de haber impulsado la cuestión de Gibraltar, haciendo aceptar a la Gran Bretaña el principio de la negociación de la soberanía sobre el Peñón y el istmo y estableciendo el procedimiento para un proceso negociador”.



Está claro que para el ministro Morán, y por ende para el primer Gobierno de Felipe González, la recuperación era una cuestión de Estado; pero no está menos claro que o bien confió demasiado en sus posibilidades o bien directamente lo engañaron. Si el RU aceptó lo que dice que aceptó, nada quedó de ello para el inmediato futuro. Posteriormente, los dirigentes políticos del RU lo han desmentido con sus palabras y con su actitud. Es increíble, por otra parte, que tanto Morán como los ministros que le han sucedido sigan sin saber que no ha habido jamás cesión de soberanía sino de dominio y que, además, es un dominio limitado, sin extensión al istmo.

El cierre de la Verja en 1969, puede ser cuestionado por sus malos efectos sobre las personas y sus familias, y también por los trastornos de carácter laboral que causó, pero fue una medida altamente positiva para los intereses generales de España y es la clave para entender el rápido desarrollo industrial, social y económico de la comarca. Por el contrario, la apertura en 1982, como muy bien diría Salustiano del Campo, fue una recuperación espectacular para Gibraltar y un salto atrás para su Campo, que volvió a la dependencia y, a través de algunos de sus políticos, a la sumisión.

Es conveniente que advirtamos que la localización geográfica del polígono industrial de San Roque, de una dimensión, importancia y proyección extraordinarias, que trasciende a las cortas miras de otras actuaciones y llega a interesar a círculos internacionales alejados de su entorno, era explícitamente debida a la depresión de una comarca cuyo horizonte estaba bloqueado por el Peñón.

En 1965 la renta anual media por habitante en el CdG, era de 11.000 pesetas/año (66€), menos de la tercera parte que la española (35.000 pts., algo más de 210 €). Para hacerse una idea, en 2016, la de San Roque era de 29.699€, la de Algeciras 22.650€ y la de La Línea 20.399€. Los datos se refieren al total de habitantes mayores de 16 años. Aparte de la ubicación de la Refinería de Cepsa, que motivó todo lo que llegó después, esta también se hizo valorando las distancias a los núcleos de población, dando preferencia a La Línea, precisamente por su mayor proximidad y dependencia de la Roca. No se tendría en cuenta que, desgraciadamente, la población linense y sobre todo, sus dirigentes parece que, en líneas generales, asumen esa dependencia como algo de lo más natural.

Esa percepción del bajísimo nivel de renta que, como el paro, estaba (y está) muy influido por el chalaneo y la economía sumergida, suponía una escasísima formación profesional y un índice de analfabetismo que rondaba el 30%. Cuando los que sometidos o por ignorancia –a veces también por servidumbres políticas– hablan de la emigración que produjo el cierre de 1969, debieran compararlo con el que producía la pobreza y la marginación soportada por la comarca a resultas de su vecindad con el anacronismo colonial de Gibraltar y de los consecuentes desequilibrios inducidos. La población del CdG de hecho, en ese tiempo, rondaba los 183.000 habitantes, mientras que la población activa estimada era de unos 70.000 trabajadores, la tercera parte de la población total. De ella, el 40% pertenecía al sector primario; es decir, estaba ocupada en la extracción u obtención de productos naturales previos a su procesamiento industrial o de otro tipo. Ese porcentaje es actualmente en Andalucía del 24%, aún significativo de un bajo nivel de desarrollo industrial; en Francia, por ejemplo, es de alrededor del 2%.

Las cifras y las fechas nos sitúan en una observación objetiva de los hechos. Me propongo hacer un balance de lo sucedido hasta 1975, una vez que creo haber dado una idea de lo que era nuestro pequeño mundo antes del cierre de 1969. Una emisora de radio, de tantas como operan oscuramente, de cuyo nombre es mejor no acordarse y aún menos de sus propósitos y del origen de sus ingresos, me llamaba hace unos días con el cariñoso nombre de Albertito. Sin duda, por aquello de que es mejor no dar importancia a lo que dice un niñito inocente que nada sabe de este mundo cruel. Decía, después del diminutivo, que yo me había propuesto arruinar a La Línea. “Claro como es de Algeciras”, añadía a modo de justificación razonable. Pobres locos, me dije, acordándome de Don Mendo y de la falta de quiñones de sus rondadores, de la ignorancia también, y de la indignidad y de la pobreza de los miserables.



Vía EuropaSur https://www.europasur.es/opinion/articulos/alla-aca-verja-IV_0_1511249186.html

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